Los espacios urbanos, al igual que cualquier ente, ser u objeto que yace sobre el mundo, sufren cambios constantes a lo largo del tiempo. Nuestros abuelos nos hablan sobre el hotel que había antes en la esquina donde hoy está un banco del Estado, o de los potreros o bosques donde están los barrios de hoy en una ciudad que crece constantemente, y como tal, padece de los problemas típicos de cualquier centro de población denso.

Ciudad Quesada presenta hoy una imagen muy distinta de la que mostraba hace apenas unos 5 o 6 años cuando todavía era posible observar algunas condiciones que la hacían una ciudad amigable, bella y funcional. Las cosas han cambiado para mal. La ciudad es hostil, fea y disfuncional.

Es un espacio constreñido que sufre por la mala (o inexistente) planificación urbana de los responsables del caso. Sobre tres calles se mueve el flujo vehicular de norte a sur, una vía trascendental en la comunicación hacia la Meseta Central así como hacia el corazón de la Zona Norte. Las avenidas no dan abasto, los autos parqueados achican las ya de por sí angostas vías lo que genera más lentitud en el tránsito.

La ingeniería vial cambia las reglas generales de vías, pues coloca altos en las vías principales y da paso libre a las secundarias. ¿Acaso la ciudad se ve favorecida por dichos cambios? Pero el tránsito no es el único problema.

La basura abunda en nuestras aceras, sea por la cultura de botar cualquier cosa donde sea (menos en la casa o en el basurero), sea por la fragilidad (o inexistencia) de un sistema de mantenimiento (¿embellecimiento?) de la limpieza de los caños y calles. Basta con caminar un domingo temprano para notar que vivimos en medio de los desechos.

El problema que quizá ha convertido a Ciudad Quesada en un lugar que invita a salir de ella, es la pérdida de pertenencia del Parque. Este lugar, antaño un sitio cómodo y tranquilo, de conversación y chismes, de noticias y política, es hoy un territorio de drogas, alcohol y delincuencia. La pérdida del Parque ha sido un golpe rotundo contra un espacio de riqueza cultural, de identidad, un sitio que las personas asumían como propio, que es ahora un área de peligro, de inseguridad y un lugar que es de otros.

Ante esta situación ¿quién es el responsable de esto? Es difícil responder a esto y cada lector tendrá su propia respuesta. Mi opinión es que son varias las causas de este deterioro urbano:

* la indiferencia de los ciudadanos ante los pequeños problemas que los aquejan pero que no actúan contra ellos y dejan que se acumulen y se conviertan en grandes problemas.

* La ineptitud política tanto del Estado como del Gobierno Local, éste último gran responsable de la incapacidad para enfrentar los problemas más urgentes. El Gobierno Local nunca piensa en la cultura, sino sólo en la “solución de los problemas urbanos” a partir del arreglo de caminos (!). Los políticos nunca resolverán los problemas porque no los conocen. ¿Cuándo se ha visto un político en época no electoral, caminando por la Ciudad, hablando con la gente, oliendo lo maloliente, parándose en la basura, tratando de aconsejar a los adictos a la droga, ordenando el tránsito, etc? Es difícil cambiar las cosas que no se conocen.

*La desigualdad social que ha provocado la migración a la Ciudad, que genera barrios que nacen pobres y cuyos niños aprenden a sobrevivir del hurto o el robo porque el aporte del papá (si está) no es suficiente y porque en la Escuela recibe mala educación y poca comida y la situación los empuja a vivir en el mundo de la calle.

En fin, la Ciudad la perdemos pero en medio de la adversidad debemos conservar la esperanza de que llegue el día en que los culpables (todos) abramos los ojos e iluminemos a quienes los quieran tener cerrados y aceptar de mala gana un mundo que quieren cambiar aunque no se esfuerzan para ello.