Archivos de Febrero, 2006

Dos años, dos ruedas…un mundo

Por esas cosas de la vida que nadie entiende, tuve la suerte de conocer a Yves Chaloin y a Olivia Dieraver, francés y suiza respectivamente, quienes con su español fluido (aprendido por la experiencia americana) y simpatía desbordante, me concedieron el enorme placer de compartir sus vivencias alrededor del mundo.

Y esto sí que es alrededor del mundo, pero no de esa forma precipitada y estresante de los aeropuertos, los vuelos, las mangas, los despegues. Esta vez, el viaje es tranquilo, cautivante, relajante. Ellos no van apurados por nada, más bien degustan el mundo, catan cada pueblo, saborean las culturas y las raíces de la gente. Viajan por parajes de todo tipo (desiertos de sal, caminos secos, tormentas de arena, asfalto quemante, veredas apacibles, etc.) y conocen a las personas que habitan en ese mundo distinto; ese mundo desconocido por el turismo tradicional.

Yves y Olivia viajan en una bicicleta alemana, especialmente diseñada para trayectos largos (¡y este sí que lo es!). Su viaje inició en Francia el 28 de mayo del 2005 y su primer destino fue Italia. De allí se embarcaron hacia Buenos Aires, donde empezarían el recorrido por América, esa América nuestra. Su viaje prosiguió hacia las cataratas del Iguazú. El norte fue y continuó siendo su rumbo: Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador (lugares donde sintieron el difícil paso por los empinados caminos y los amenazantes abismos de los Andes). Después llegaron a Colombia para viajar luego a Costa Rica, en barco, desde Cartagena hasta Limón.

En nuestro país disfrutaron del Caribe y transitaron por Guápiles, Puerto Viejo de Sarapiquí, San Miguel de Río Cuarto, Venecia y Aguas Zarcas de San Carlos y finalizaron su estadía en Los Chiles.

El destino o qué sé yo, me permitió ser parte de su camino. Hablamos por lo menos hora y media. Con amabilidad me mostraron su bicicleta, sus herramientas, su equipaje. Sus fotos y sus relatos me transportaron a Bolivia y Perú. Fui testigo de la aridez y las ciudades de barro, personas con hambre y volcanes inactivos, proyectos mineros en el que empresas canadienses (¿será la misma del Proyecto Crucitas en Costa Rica?) explotan a los trabajadores y llevan a la desgracia poblados enteros. Escuché historias de pueblos, pobreza, gente, ciudades que nunca hemos escuchado ni leído. Yves y Olivia aman a las personas y guardan profunda admiración y respeto por las culturas, su forma de transporte les permite aprender de los demás y estar en contacto directo con las necesidades de los pueblos latinoamericanos.

Su viaje es para conocer el mundo, y mucho de lo que ven y aprenden lo comparten para que conozcamos lo que se vive en lugares donde las cámaras de los grandes medios no graban, porque a éstos no les interesa aquello que no genere ganancias.

Ahora su plan es ir a San Carlos de Nicaragua, subir a Managua y de allí a Honduras donde se reunirán con un amigo para continuar su camino: Guatemala, México, Estados Unidos. Un barco los llevará hasta Australia y después de tres meses navegarán hasta Sudáfrica, Bostwana y Namibia. De nuevo en barco, esta vez hacia Marruecos. A través del estrecho de Gibraltar llegarán a España y culminarán su viaje en mayo del 2007 en el sitio donde partieron a esta aventura por el mundo, un mundo para ellos muy pequeño…

La vida que llevamos y el sentido de la vida


Sin duda, el motivo de la existencia es uno de los misterios que posiblemente nos tendrán divagando por siglos sin encontrar respuestas convincentes y certeras. Seguramente cada quien encontrará su propio sentido y, por lo tanto, las respuestas sobre el temas pueden ser muy diversas.

Puede además, que se confundan los objetivos o proyectos de vida con el sentido que alguien le halle a la vida. Es decir, que se confunda ¿qué quiero llegar a ser?, con la respuesta a ¿por qué estoy en el mundo?

El objetivo de vida para algunos puede ser vivir en paz interior, tener muchos seres queridos alrededor, tener bienes que le aseguren su calidad de vida, etc. Para otros, desafortunadamente, su objetivo es sobrevivir a la exclusión, a la miseria, al SIDA, a la discriminación, a la intolerancia, al hambre, a la explotación, a la violación de Derechos, etc.

Para estos dos tipos de objetivos de vida distintos: ¿la concepción sobre el sentido de la vida será el mismo? Es decir, el sentido de la vida, eso que todos se cuestionan pero nadie sabe con certeza, y que se perfilan respuestas aproximadas según cada quien: ¿podrá ser similar en personas con condiciones de vida totalmente opuestas?

Es difícil imaginar que una persona con problemas como los mencionados, piense la vida como la oportunidad para encontrarse a sí mismo, valorar todo alrededor y ser justo con los demás y consigo mismo (que posiblemente sea lo que hasta el momento yo consideraría como sentido de la vida por alcanzar). Antes que eso, y esta es mi opinión, imagino que para las personas que cotidianamente viven en la desdicha, el sentido de la vida es tan difícil de encontrar como la solución a sus problemas. ¿O será más bien que sus dificultades hacen que encuentran con más facilidad el motivo de la existencia?

Historias de mi abuela: Rocanrol


Cuenta mi abuela que hace muchos años había en su casa un hermoso zaguate negro, llamado Rocanrol. Sí, así como se lee; así como el famoso género musical.

Igual que la música, Rocanrol fascinaba a muchas personas. Cuando mis tías y mi madre eran adolescentes, jugar con él era más que costumbre. Las tardes lluviosas, las más, las disfrutaban cerca del fogón, donde el perro se mantenía cerca del calor de la cocina. Los días soleados los aprovechaban para salir al patio donde Rocanrol exploraba todos los rincones y correteaba a los sobrinos de Doña Rosa.

Cuando se cansaba, nuestro personaje aprovechaba la superficie de la entonces desolada y recién asfaltada carretera central de Ciudad Quesada, para dormir plácidamente y descansar un rato mientras mi abuelo llegaba de la agotadora jornada de trabajo. Era muy poco el tráfico a finales de los sesenta, así que los carros se oían venir desde lejos, por lo que el perro podía esperar hasta que los carros estuvieran muy cerca, para hacerse a un lado y luego retornar a su “cama”.

Cuenta Doña Rosa que una noche calurosa, Rocanrol (le pusieron así porque sonaba bonita la palabra) dormía tan profundamente en la frescura de la calle, que no se percató que se acercaba una moto muy rápidamente. El motociclista, que se dice andaba con sus jaiboles adentro, iba tan rápido que no tuvo tiempo para esquivar el cuerpo de la mascota de la familia. Por más esfuerzos por desviarse un poco a la izquierda y evitar golpear al perro, la excesiva velocidad provocó lo indeseado: Rocanrol sufrió un golpe muy fuerte con la llanta delantera y no se escuchó ni ladrido ni gemido alguno, lo que en algunos testigos causó extrañeza más allá del violento suceso.

Dos de mis tías, quienes regresaban de la función dominical del teatro, observaron el desafortunado suceso y de inmediato pensaron lo peor: ¡Mataron a Rocanrol! Sus gritos y los de otras personas que les acompañaban, se apoderaron de la que era una silenciosa noche de verano. Mi abuela salió súbitamente, en batas, para ver qué causaba tal alboroto. Lo que vio fue a mis tías llorar desconsoladas, sin habla y con el alma hecha pedazos por la partida de Rocanrol.

Nadie en la familia se atrevió a quitar el cuerpo de la calle. Ante la solicitud de mi abuela un señor amablemente levantó a Rocanrol para llevarlo al patio de la casa, lugar donde lo enterrarían al día siguiente, según el deseo de mis tías y mi madre. Nadie podía creer lo que pasó, atropellaron al perro en un lugar donde era raro ver pasar otro vehículo que no fueran los buses de la mañana y aquel señor de la moto.

Pero no era momento para pensar en la mala suerte que tuvo el juguetón animal. Era tiempo de llorar y llorar.

Cuando el amable señor colocó a Rocanrol en el lugar donde estaría su tumba, y mientras los sollozos y lamentos gobernaban la casa y el barrio (porque la voz se había corrido tan rápidamente como el tiempo que tardó el borrachín en escapar de la escena del accidente), la sorpresa se hizo presente. Una vez que Rocanrol sintió el piso, se movió, se estiró y se levantó como si nada hubiera pasado, y moviendo la colilla de la felicidad por ver semejante gentío, entró a la casa para seguir durmiendo junto al fogón.

Lejos de la política

En vista del alboroto que ha causado la política y que todo el mundo está enloqueciendo, prefiero ahora publicar algo que, hace poco más de un año, le escribí a mi sobrina cuando faltaban unos 5 meses para que naciera. La política puede esperar un poco…

Bienvenida

Ganadora eres pues fuiste concebida
entre muchas semillas que deseaban germinar
estás en formación y en crecimiento,
pero no llevas sol.

Llevas sangre y alimento
de tu madre amorosa,
llevas todo lo suyo y lo del padre
y lo cargarás desde tu llegada.

La Bienvenida te doy a este hogar
en el que las cosas son así,
buenas como las abuelas
malas como la avaricia.

Esta será tu casa, el mundo,
en ti está el recorrerlo y descubrirlo.
Tus ojos verán tanto como te propongas
desde la arena hasta el hielo.

Podrás ver la flor crecer,
el gusano hacerse mariposa.
Podrás ver el humo de los autos
y el río morir con la basura.

Podrás ver el arco iris sobre el Monte,
la catarata tras el aguacero.
Podrás ver el niño hambriento,
y otro vestido de guerrillero.

Muchas cosas tienes que aprender.
Un mundo nuevo se abre para ti:
las palabras, la teta, el abrazo,
el agua, la almohada, la madre.

Te amo sin conocerte, ¡ven sin miedo!
Aquí crecerás, como yo lo hice una vez.
Aquí te amaremos y guiaremos;
el resto, tu lo construirás.

¡Ven amor!