Por esas cosas de la vida que nadie entiende, tuve la suerte de conocer a Yves Chaloin y a Olivia Dieraver, francés y suiza respectivamente, quienes con su español fluido (aprendido por la experiencia americana) y simpatía desbordante, me concedieron el enorme placer de compartir sus vivencias alrededor del mundo.

Y esto sí que es alrededor del mundo, pero no de esa forma precipitada y estresante de los aeropuertos, los vuelos, las mangas, los despegues. Esta vez, el viaje es tranquilo, cautivante, relajante. Ellos no van apurados por nada, más bien degustan el mundo, catan cada pueblo, saborean las culturas y las raíces de la gente. Viajan por parajes de todo tipo (desiertos de sal, caminos secos, tormentas de arena, asfalto quemante, veredas apacibles, etc.) y conocen a las personas que habitan en ese mundo distinto; ese mundo desconocido por el turismo tradicional.

Yves y Olivia viajan en una bicicleta alemana, especialmente diseñada para trayectos largos (¡y este sí que lo es!). Su viaje inició en Francia el 28 de mayo del 2005 y su primer destino fue Italia. De allí se embarcaron hacia Buenos Aires, donde empezarían el recorrido por América, esa América nuestra. Su viaje prosiguió hacia las cataratas del Iguazú. El norte fue y continuó siendo su rumbo: Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador (lugares donde sintieron el difícil paso por los empinados caminos y los amenazantes abismos de los Andes). Después llegaron a Colombia para viajar luego a Costa Rica, en barco, desde Cartagena hasta Limón.

En nuestro país disfrutaron del Caribe y transitaron por Guápiles, Puerto Viejo de Sarapiquí, San Miguel de Río Cuarto, Venecia y Aguas Zarcas de San Carlos y finalizaron su estadía en Los Chiles.

El destino o qué sé yo, me permitió ser parte de su camino. Hablamos por lo menos hora y media. Con amabilidad me mostraron su bicicleta, sus herramientas, su equipaje. Sus fotos y sus relatos me transportaron a Bolivia y Perú. Fui testigo de la aridez y las ciudades de barro, personas con hambre y volcanes inactivos, proyectos mineros en el que empresas canadienses (¿será la misma del Proyecto Crucitas en Costa Rica?) explotan a los trabajadores y llevan a la desgracia poblados enteros. Escuché historias de pueblos, pobreza, gente, ciudades que nunca hemos escuchado ni leído. Yves y Olivia aman a las personas y guardan profunda admiración y respeto por las culturas, su forma de transporte les permite aprender de los demás y estar en contacto directo con las necesidades de los pueblos latinoamericanos.

Su viaje es para conocer el mundo, y mucho de lo que ven y aprenden lo comparten para que conozcamos lo que se vive en lugares donde las cámaras de los grandes medios no graban, porque a éstos no les interesa aquello que no genere ganancias.

Ahora su plan es ir a San Carlos de Nicaragua, subir a Managua y de allí a Honduras donde se reunirán con un amigo para continuar su camino: Guatemala, México, Estados Unidos. Un barco los llevará hasta Australia y después de tres meses navegarán hasta Sudáfrica, Bostwana y Namibia. De nuevo en barco, esta vez hacia Marruecos. A través del estrecho de Gibraltar llegarán a España y culminarán su viaje en mayo del 2007 en el sitio donde partieron a esta aventura por el mundo, un mundo para ellos muy pequeño…