San Carlos | Costa Rica
Archivos de Marzo, 2006
Revivir la U
Mar 16
Después de una seguidilla de compromisos me perdí varias actividades artísticas a las que quería ir, todas ellas en San José, lo cual me parece, no debe ser (¡queremos arte en las provincias fuera del GAM!). Por una serie de eventos afortunados, coincidió una visita a la capital por cuestiones de trabajo y el cierre de las actividades de inicio de semestre en la UCR.
Aproveché entonces para darme una escapadilla para recordar viejos tiempos y coleccionar nuevos buenos momentos. El ambiente en el campus básicamente era el mismo que cuando este servidor permanecía largas horas en la Plaza 24 de abril: el sol que iluminaba la copa de los altos árboles que todavía quedan cerca del Edificio de Ciencias Sociales y de la Carlos Monge, la despachadora dureza de las bancas donde tantas veces me senté a hablar paja y ver pasar gente de todo tipo (porque la diversidad en la U es una de sus incontables cosas geniales) con mis compañeros y compañeras (nunca fui bueno para el lenguaje de género que llaman), echarse un cafecito mientras arreglamos el mundo, saludar a los coterráneos que transitaban por ahí cuando iban para clases o esperar el anochecer para ir a tertuliar a Massé. Tiempos para nunca olvidar.
Regresé a la U y experimenté de nuevo su ambiente cálido, su espacio de expresión, la libertad de decir lo que se piensa, de conocer lo que no se puede fuera del campus, etc. Este viaje fue tomar de nuevo ese brebaje que a muchos nos refresca, que nos hará sentir universitarios quién sabe cuantos años más a pesar de no serlo formalmente. ¡¿Y que mejor forma que sentirme en la U que ir al concierto de cierre de la bienvenida al nuevo semestre?!
Sasha Campbell inició el concierto con su música que festeja la negritud; su voz y su carisma nos cautivaron y el sentimiento corrió en todos los presentes. Siguió Azul Silencio, un grupo nuevo para mí. Es gratificante escuchar músicos tan jóvenes y con tanto talento y, lo mejor, sin miedo a realizar canciones distintas (muy distintas) a las que oímos en cualquier sitio. La calidad y la condición impredecible de sus canciones, en que una misma pieza pasaba de la tranquilidad a la efervescencia al sonar de dos instrumentos poco utilizados, flauta traversa y saxofón, hacen del grupo una agradable sorpresa que los catapulta como una buena fuente de música costarricense.
Después siguió Malpaís. Su capacidad de convocatoria estuvo más que comprobada con la cantidad de personas que coparon el pretil y más allá. Muchos fiebres con las respectivas camisetas del grupo, en varias versiones, hacían ver que el fenómeno de la “nueva canción costarricense” no es sólo una tendencia (omisión gigantesca por parte de los “grandes medios de comunicación”), sino una realidad que se evidencia en actividades de este calibre. La gente coreó las canciones, aplaudió cada intervención de Obregón, Tapao y Jarquín, elogió el discurso en defensa de la institucionalidad costarricense (“¡defiendan la U!”) y anti-TLC de parte de Jaime Gamboa y se regocijó a más no poder con la calidad hecha música. Los gritos de ¡OTRA, OTRA! hicieron que los músicos regresaran a tocar unas 5 canciones más, luego de bajarse del escenario por lo menos en tres ocasiones.
Después de tal derroche de energía, mucha gente y buena música (juego de pólvora incluido) la imagen de la U sigue intacta, viva y más fuerte que nunca. Ojalá pueda revivir experiencias como ésta, volver a caminar por uno de los lugares más bellos de la capital, visitar las bibliotecas abiertas para todos, hablar con viejos amigos, sentir lo que sólo en el campus se siente, etc…
Espero que, a pesar del panorama de lucha que se ve venir, la U pueda continuar su labor para con el país, mantener su riqueza cultural, académica, su voz que llama a la tolerancia y a la equidad, sus aportes, su todo…



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