San Carlos | Costa Rica
Archivos de Abril, 2006
El guía pachuco
Abr 4
- ¿Qués la vara?
- Mae, hágame un volao. Por ahí anda una gringuilla que quiere conocer el país. Háblele tuanis, llévela a algún chante. Va estar toda la semana así que si quiere ganar buena harina ¡póngale papá!.
- ¡Siá tonto mae! ¿Y por qué esa vara? Sólo porque conozco el teje y maneje del English y usté ni costra.
- No me juegue de peligroso papá. Entienda que ahora hay que andar en todas y pulsearla bonito. Llévela, se gana buen billete y me da una comisión como dijo Miguel Ángel. ¡Uy mae!, esa es loco, ahí viene la machita. Atiéndala tuanis compa pa quel negocio prospere, ahí nos vidrios…
- ¡Hola señorita! ¿Cómo le ja guar yu?
- Oh, yo estar bien gracias. ¿Usted ayudar yo? Yo querer viajar por Costa Rica pero no saber lugares bellos visitar.
- Tranquila mi amor, yo le echo el hombro con esa vara.
- Usted hablar un español raro. Eso no estudiar yo en clase de español. ¿Qué decir?
- ¡Qué yo le ayudo mamita! Dígame lo que le gustaría conocer: la playa, la montaña o que otras varas.
- Primero yo querer visitar la playa.
- Ok machita. Podemos darnos un ride por Sands Point pa que vea el muelle y vamos en ferry a What for.
- Mi no entender.
- ¡Ah diay mamita! La idea es que vayamos a Puntarenas y de ahí a Paquera.
- Oh ser bonita idea mi gustar.
- ¡Me extraña araña que siendo mosca no te conozca! Usté está hablando con el guía más solo good que encuentra en el market. Pero sigamos con el plan.
- Ok.
- Ok machita. En Guanacaste tenemos Drum Beach, Beautiful Beach o también Coconut Beach pa que le quede bien claro.
- ¡Oh pero esas playas no estar en el Lonely Planet!
- Diay mi amor, era pa que le cayera el cuatro más velozmente. ¿Me entiende? Pa mí que usté más bien viene de Alemania porque no me sigue la jugada. Yo estaba hablando de Playa Tambor, Playa Hermosa y Playas del Coco.
- ¡Oh qué bonito! Ahora ver playas en mi mapa.
- Sí sí, pero no se me aloque todavía. Luego podemos pasar a Black Canoon y a The Fortune. ¡Bueno!, búsquelo en su mapa como Caño Negro y La Fortuna a ver si acaso.
- Oh sí, sí, aquí está.
- Después podemos jalar pal Caribe y ver Little Grape Island y Old Harbour.
- ¿Dónde ser eso? Estar perdida.
- Ah ya me estoy hartando con esta madre. ¡Que vayamos a Isla Uvita y a Puerto Viejo! ¿Qués que tengo que hablar en alemán pa que la agarre? Me dan ganas más bien de hacerle un croquis y que usté haga el tur sola. ¿Ya, la vio o se la dibujo?
- ¿Qué decir usted?
- Siá tan bárbaro, ya me estoy calentando y eso que nadie me ha mentao la madre. Bueno, paciencia que este brete es pa las birritas de la semana. Bueno, de la otra, porque las de ésta van entre los viáticos. ¡Qué toque!
- ¿Dónde más ir después?
- Diay mami, por último vamos a Chepe pa que conozca The No Sugar Street en San Peter o vamos a ver a la sele a The Monster’s Cave, que traducido pa los polos que no hablan inglés es La calle de la amargura y la Cueva del Mostro.
- ¡Qué lindo tour! ¿Cuándo empezar?
- De una mami, pa no perder el tiempo. ¡A por derecho!
- Vamos, ok. Usted ser guía diferente pero bien.
- ¿Bien qué? Bien loco seguro. ¡Aaaaarro que yes!, cómo no serlo con mi sobrada capacidá, hasta estoy pensando escribir la Guía Turística Pal Gringo que tengo en mi jupa pa desarrollar mi propio bisnes. Bueno mamacita, móntese a la nave que ya parte.
¡Juímonos!
El arte de los bueyes: la tradición recuperada
Abr 2
Los bueyes quizá fueron en alguna época el medio de carga más importante y utilizado por las personas en nuestro país. Los avances tecnológicos fueron provocando el desplazamiento de esta fuerza de la naturaleza en las labores de transporte hacia los medios mecanizados y altamente contaminantes de hoy en día.
Pero las tradiciones fuertes se mantienen con el tiempo. En la actualidad se empieza a ver un resurgimiento del uso de bueyes para labores de carga. Después de todo se trata de proteger la naturaleza en sitios donde los grandes camiones y tractores generan un fuerte daño al ambiente.
El boyero no se hace de la noche a la mañana. Es toda una tradición familiar eso de aprender a domar a estos animales y que les obedezcan cada uno de sus mandatos. Con silbidos o golpes al yugo el boyero indica claramente lo que quiere que los bueyes hagan, y éstos responden de inmediato.
El boyero se va haciendo desde niño, gracias a los consejos de una persona mayor que pasó por la misma experiencia. Perderle el miedo a los bueyes, silbar de la forma y duración adecuadas, jalar y golpear el yugo para dirigir la yunta, amarrar la carga, definir el recorrido, entre otras, todas ellas son labores cotidianas que el bueyero debe manejar a la perfección en su trabajo.
Juan Carlos las conoce todas e incluso va más allá; él fabrica yugos a punta de ma
chete. Desde pequeño fue aprendiendo de su padre el arte tomar una troza de madera y elaborar una escultura para unir dos poderosos animales que transportan pesados objetos.
Con un afilado machete y su ingenio creativo tarda de 6 a 8 horas fabricando un yugo. El filo de la herramienta, las dimensiones, los bueyes y el tipo de madera que utiliza son factores que debe tener en cuenta en su faena. El yugo debe soportar el peso de la carga y la fuerza de los bueyes por lo que la madera debe ser muy resistente, de ahí que su producto resulte aún más valioso. Éste, sin duda, es un arte que muchos como yo creíamos extinto, pero que ha logrado sobrevivir.
En tiempos donde a veces se pierde la esperanza de encontrar tradiciones de antaño, toparse con esta grandiosa actividad lo hace a uno volver a creer en algo, en recurrir a lo aprendido de nuestros ancestros, en revivir nuestras costumbres, en volver los ojos hacia lo nuestro, ser nosotros otra vez.
Volver a las palabras, a la cortesía, a las papas de Cartago, a las tortillas de la abuela, a los frijoles de Los Chiles, a las puertas abiertas, a los turnos que unen comunidades, a los viajes para conocer nuestro propio país, a playas y ríos limpios, al campanario de la Iglesia, al respeto a los adultos mayores, a acatar sabios consejos, a caminar tranquilamente por nuestras calles, a la confianza, a…



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