San Carlos | Costa Rica
Archivos de Junio, 2006
La Ventana
Jun 30
El fulgor rebotaba en la dura superficie y se desviaba hacia otras formas, iluminándolas.
Al abrirse, la ventana invitaba al exterior a compartir con el interior y los olores iban y venían. El humo del fogón vecino empezaba ya a ensuciar el blanco mantel que cubría la mesa familiar. El aroma del café recién chorreado invadía la acera de enfrente y los transeúntes volteaban su cara, como buscando una taza que les avivara su rutinaria mañana.
El perro, angustiado del encierro nocturno, se asomaba para captar con la vista lo que el potente olfato le indicaba y empezaban los ladridos que me decían a mí que eran las 6.
También servía para socializar ante el grito saludador con el que conocidos solían avisar que iban pasando, cortesía que era correspondida de la misma manera.
En tardes soleadas la brisa refrescaba la sala y era descanso de viuditas que eran atraídas por los bananos que Ña Rosa colocaba para verlas llegar.
Cerca del ocaso la ventana se cerraba, marcando el límite del día y dando la bienvenida a la noche. Era la señal de ir a dormir, mientras pasaba el tiempo para que de nuevo se abriese para recibir la mañana.
El ocaso del sueño
Jun 15
Foto: http://fifaworldcup.yahoo.com/06/es/w/photos/crc.html?i=0&d=1
Pues sí.
Mal nuestro equipo.
Derrotas y goles encajados.
La ilusión esfumada.
El sueño perdido.
La despedida por la puerta de atrás.
Un pueblo que hoy camina triste, cabizbajo.
Así como somos expertos en celebrar, deberíamos aprender a perder.
Aunque la Sele está en el alma y el futbol es más que un juego, la vida sigue.
La derrota debe servir para no cometer errores en el futuro, pero al parecer despreciamos la Historia y odio decir que probablemente todo seguirá igual; como todo lo que sucede en nuestro país.
Inestabilidad emocional
Jun 1
Dos escenarios muy distintos se han vivido en el país durante los últimos 9 meses: por un lado, la clasificación de la Sele al Mundial con la victoria contundente contra Estados Unidos, generó en la afición una algarabía tal que nos calificábamos a nosotros mismos como de los mejores, no sólo del área de la CONCACAF sino más allá; por otro, los recientes malos resultados en los pocos partidos de preparación han generado el efecto contrario, pues ahora vemos la cita mundialista como una serie de momentos de amargura y sufrimiento. Para demostrar este cambio repentino en nuestro modo de percibirnos basta con revisar los titulares de los periódicos de ambas fechas (Costa Rica 3-EE UU 0: ¡Con lujo y contundencia!, Costa Rica 0-Ucrania 4: ¡Qué ridículo!).
Los ticos no sólo somos acomodados a las circunstancias, sino muchas veces conformistas y sobredimensionadores de virtudes y defectos. Cuando estamos bien somos la de la élite, cuando pasamos malos ratos, no valemos nada. Esa inestabilidad, me parece, nos trae muchos problemas pues nos hace incoherentes, incomprensibles y confusos, y actuar en ese marco de percepciones resulta bastante difícil.
No sólo padecemos de inestabilidad emocional, sino que además, creemos poseer la habilidad de predecir el futuro, pero lo peor es que para hacerlo, usamos como marco de referencia los prejuicios hacia lo que vamos a predecir.
La política es un buen ejemplo de ello. El proceso electoral, en donde a priori se daba por ganador a un candidato apoyado e impulsado por una campaña mediática que lo promovía, representa fielmente este sentido de adivinación. Y la realidad como era imaginada no fue tal.
Lo mismo sucede ahora con el fútbol; vislumbramos a la Sele como una de las peores de la Copa Mundo, pero lo afirmamos cual verdad absoluta ¡aun sin haberse iniciado la competición! Sin sonar el silbato inicial, sin moverse la pelota, sin jugarse, ¡pensamos que el partido está perdido! Nos vemos mal y nos hacemos sentir peor de lo que en realidad somos. ¿Cómo es posible mejorar si pensamos así?
Me parece que este error, que parece estar muy profundamente arraigado, podría explicar en cierto modo, nuestra incapacidad de efectuar grandes proyectos como país, dada la inacción en que nos hace caer esa forma de pensar. Es decir, que mucho de lo que en el fútbol y la política expresamos, refleja lo que somos y cómo vivimos la realidad, incluso cuando esa misma percepción no es del todo correcta pero que al pensarla así modifica la realidad misma.




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