El ambiente alrededor del fútbol con el inicio del Mundial de Fútbol y específicamente el partido inaugural, Alemania contra Costa Rica, nos hace pensar en cómo somos los costarricenses según los prejuicios que tenemos sobre nosotros mismos.

Dos escenarios muy distintos se han vivido en el país durante los últimos 9 meses: por un lado, la clasificación de la Sele al Mundial con la victoria contundente contra Estados Unidos, generó en la afición una algarabía tal que nos calificábamos a nosotros mismos como de los mejores, no sólo del área de la CONCACAF sino más allá; por otro, los recientes malos resultados en los pocos partidos de preparación han generado el efecto contrario, pues ahora vemos la cita mundialista como una serie de momentos de amargura y sufrimiento. Para demostrar este cambio repentino en nuestro modo de percibirnos basta con revisar los titulares de los periódicos de ambas fechas (Costa Rica 3-EE UU 0: ¡Con lujo y contundencia!, Costa Rica 0-Ucrania 4: ¡Qué ridículo!).

Los ticos no sólo somos acomodados a las circunstancias, sino muchas veces conformistas y sobredimensionadores de virtudes y defectos. Cuando estamos bien somos la de la élite, cuando pasamos malos ratos, no valemos nada. Esa inestabilidad, me parece, nos trae muchos problemas pues nos hace incoherentes, incomprensibles y confusos, y actuar en ese marco de percepciones resulta bastante difícil.

No sólo padecemos de inestabilidad emocional, sino que además, creemos poseer la habilidad de predecir el futuro, pero lo peor es que para hacerlo, usamos como marco de referencia los prejuicios hacia lo que vamos a predecir.

La política es un buen ejemplo de ello. El proceso electoral, en donde a priori se daba por ganador a un candidato apoyado e impulsado por una campaña mediática que lo promovía, representa fielmente este sentido de adivinación. Y la realidad como era imaginada no fue tal.

Lo mismo sucede ahora con el fútbol; vislumbramos a la Sele como una de las peores de la Copa Mundo, pero lo afirmamos cual verdad absoluta ¡aun sin haberse iniciado la competición! Sin sonar el silbato inicial, sin moverse la pelota, sin jugarse, ¡pensamos que el partido está perdido! Nos vemos mal y nos hacemos sentir peor de lo que en realidad somos. ¿Cómo es posible mejorar si pensamos así?

Me parece que este error, que parece estar muy profundamente arraigado, podría explicar en cierto modo, nuestra incapacidad de efectuar grandes proyectos como país, dada la inacción en que nos hace caer esa forma de pensar. Es decir, que mucho de lo que en el fútbol y la política expresamos, refleja lo que somos y cómo vivimos la realidad, incluso cuando esa misma percepción no es del todo correcta pero que al pensarla así modifica la realidad misma.

Tengo la impresión de que este asunto va más allá del fútbol o la política pues afecta incluso a nivel personal. De esta manera, sería provechoso si queremos mejorar como personas y como país, el tratar de cambiar ese modo de ver las cosas y actuar en consecuencia con un pensamiento más respetuoso de nosotros mismos y no impulsado por la oscura fuerza del prejuicio, que nos subvalora y afecta enormemente nuestra capacidad de acción para resolver nuestros problemas más cotidianos.