Pos iba este servidor matizando en la radio a Malpaís, tranquilo, en mañana soleada, cantando, manejando tuanis, y en eso llego donde están los policías, bajé el volumen pero solo un toquecito (obviamente Radio U pues ¿cuál otra pasaría esas piezas?).

Iba camino a Santa Rosa, y cuando llego al puesto policial de San Humberto, creado en tiempos de guerra civil en Nicaragua y que todavía es un paso pa controlar los migrantes indocumentados, hago la parada de rigor pa la revisión policial.

-¿Cómo está?-preguntó la muchacha policía que estaba resguardando el puesto.
-Bien ¿y ud?-contesté mientras mi mente estaba en Guanacaste y mis manos llevaban el ritmo al golpear el volante.
-Bien gracias. Disculpe, es que la escuela está haciendo una rifita y usted creo que podría comprar un numerito.
-¿Pa quién es?-pregunté pa asegurarme que había escuchado bien (es que la radio me aislaba del ambiente exterior).
-Es para la escuela-aclaró.
-¿Para cuál?-insití neciamente, como si no supiera que hay una escuela a 100 metros de donde estábamos o como si imaginara que era pa la escuela de policías.
-Para la de acá, la de San Humberto. Se rifan 50 000 colones para el 17 de diciembre. Son a 1000-detalló.
-Diay deme uno-apunté casi como si me obligaba a comprarlo para que no me arrestara.
-¿Cuál le doy?-indicó, en el momento en que mostraba unos 15 números que todavía le faltaban por vender.
-Déme el que va a salir-propuse pa hacer despiche según yo, pero la doña ni reaccionó ante tal respuesta.

Saco el billete de dos mil y me dice:
-¿No importa si le doy vuelto en monedas?, es que ocupo gastarlas-dijo casi con una sonrisa de porfis, porfis.
-No importa-resolví, casi sin reaccionar ni ver lo que pasaba, posiblemente por lo ennotado que andaba con Malpa (si fuera en un super, fijo digo que no, solo billeticos).

Justo cuando me daba las dos moneditas de quinientos, se oye a Fidel cantando “…las putas viejas de la terminal…”. Quizá era una palabra nueva para la policía, seguro nunca la había escuchado en su vida, y menos en la radio. Su cara enrojecida me lo gritó, sumado a un “¿qué es esa música que anda usté muchacho?”.

Una leve sonrisa apareció en mi rostro (por dentro eran carcajadas las que brotaban) al tiempo que recogía el vuelto, reiniciaba el viaje y me iba con Malpa a todo volumen “más al norte del recuerdo”.