Había una vez un muchacho que tenía un trabajo en el que debía visitar pueblos muy pequeños y con pésimos caminos. Para realizar tal tarea sus jefes le dieron un vehículo de esos que usan muchos las empresas que alquilan carros.

Era un Terios gris. Un poco maltratado por su largo trajín por las carreteras frecuentadas por el turismo extranjero.


Cuando llegó a las manos de este muchacho experimentó unos meses de tranquilidad, casi podría decirse que vivió un período sabático. Todo se debió a que el joven no conocía el arte del manejo.


Una vez que a brincos y saltos (literalmente) logró aprender a conducir empezó este vehículo a ver cómo sus vacaciones fueron siendo cada vez menos frecuentes.


Conforme el muchacho aprendía más usaba el automotor. Algunos le llaman “fiebre” aunque el joven aseguraba que nunca la tuvo, que más bien era “quitado” a eso de la manejada.


Pero por más que quiso o no manejar, su trabajo lo obligaba a usarlo. Los fines de semana regresaba en bus a su casa, a casi 100 km de distancia y el Terios quedaba guardado en la oficina a la espera del lunes siguiente.


Un día, el joven decidió, después de estar cansado por levantarse a las 3:30am todos los lunes, que los viernes usaría el carro para regresar a su hogar.


Cuando vio que el carro era tan importante para desempeñar su trabajo y también para ver a sus seres queridos, vio que esa máquina le daba satisfacciones y le facilitaba mucho las cosas. Entonces pensó en ponerle un nombre para mencionarlo cuando quisiera referirse a ese aparato que tanto le servía. No duró mucho para bautizarla, vio en el carro características femeninas que quizá sea difícil de explicar: la llamó Matilda.

De repente ya no andaba en carro, andaba en Matilda. Y Matilda pa’rriba y Matilda pa’bajo. Todos sus conocidos sabían quien era Matilda, nadie pensaba en una mujer, pensaba en el Terios que el muchachito conducía.

Un día Matilda llevó al joven a uno de esos pueblos con caminos a veces intransitables. Y una amiga presenció el momento en que Matilda usaba toda su fuerza para llevar al muchacho hasta su destino.