Archive for marzo, 2007

Blog de San Vicente

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Pos acá celebrando la iniciativa de esta hermosa comunidad norteña de dar a conocerse mediante esta herramienta poderosa del blog y la Interné.

San Vicente es todavía aquella Costa Rica de antaño, de compartir, de dar, de abrazos, de turnos, de bailes, de bingo, de olor a agua, de polvazales, de viento, de puertas abiertas, de arracache, de lechugas, de amig@s, de pueblo…

Conozco esta comunidad de unos años pa’cá y la verdá muy alegre de que ganasen la Bandera Azul y que ahora quieran comunicar su esfuerzo en ese objetivo cumplido, y en otros que vienen de camino.

Amig@s los invito a que visiten el San Vicente virtual pero si se pueden llegar al de’a verdá habrá turno el 18 y 19 de marzo.

Los que puedan verán que la Costa Rica lindísima que añoramos todavía es posible vivirla.

¡Nos vemos!

Pasaje directo: http://sanvicentecr.blogspot.com

Conversaciones con: doña Cristina

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- No ve que a F. le había regalado un avión cuando era carajillo -dijo Ña Cristina como para empezar otro tema de una larga conversación que sostuvimos.

- ¿Un avión?¿Cómo era? -inquirí medio chismosamente.

- Diay era de plástico. Se amarraba del techo porque tenía una varilla y usted le apretaba una cosa para que empezara a dar vueltas -describió mientras dibujaba con las manos el movimiento del aparato.

- ¿Así como en círculos o cómo? -dije, a la vez que gesticulaba.

- Sí, sí, así -dijo, mientras movía con más vigor sus manos para aclarar mi inocente pregunta.

- Ah, ¿y le gustaba mucho el avioncillo? -proseguí con la ingenuidad de un niño preguntón.

- ¡Seguro que no! -señaló, contundentemente.

- ¡Qué elegante! -indiqué, con una frase muy de ahora.

- Diay, pasaba horas de horas y muy entretenido viendo moverse el avioncito -añadió Ña Cristina con nostalgia.

- Diay y lo cuidaba mucho imagino -sumé demostrando un gran conocimiento de los asuntos cotidianos de un niño palmareño.

- ¡Claro! Hasta el día que llegaron esas visitas familia mía -apuntó de un modo agresivo.

- ¿Qué pasó? -seguí, fisgoneando.

- Diay, que llegaron a la casa y F. no estaba y cuando se fueron ni me di cuenta ¡que se habían llevado el avión! -dijo, expresando aún el reproche hacia los ladrones.

- ¿De la misma familia y le robaron el avión a F.? -dije incrédulo, repitiendo lo dicho por doña Cristina para asegurarme que era cierto lo que escuché.

- ¡Qué malos! Pa’mi que fue el primo; el de la misma edad que F. -resolvió, luego de analizar por un momento a los parientes sospechosos.

- Y F. estaba hecho leña supongo -fue lo único que supe decir.

- ¡Totalmente! Si era el juguete favorito imagínese como iba a estar -aclaró, dándome la razón.

- ¡Pobrecillo! Qué agüevao cuando al juguete que más le gustaba a uno le pasaba algo…bueno ¿y que hicieron? -inquirí, para no desviar el tema que ya resultaba interesante.

- Diay no. Yo no quería nada con ellos así que no les dije nada. No les reclamé. Lo que sí hice fue decirle algo a F. sobre el avión -apuntó, con una mezcla de verguenza y humor en el rostro.

- ¿Qué fue? -pregunté casi de inmediato, ansioso de conocer la respuesta.

- F. estaba llorando, entonces le expliqué que el avión ya había crecido, ya era adulto y que cuando vio que pasó un avión muy grande por la casa, quiso seguirlo, alzó vuelo y se fue detrás de él -concluyó, dejándome sin habla.

Comunidades sancarleñas con Bandera Azul

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Excelente noticia nos brindan hoy tres comunidades del cantón de San Carlos, La Fortuna, San Vicente y San Juan de Ciudad Quesada (la famosa Quebrada del Palo) pues han sido nombradas ganadoras de un premio gracias a su comprobada conciencia ambiental y su convicción de que, aun en tiempos de destrucción natural por la acción humana, algo se puede hacer todavía.
Bandera Azul Ecológica es un premio que otorga una comisión interinstitucional liderada por Acueductos y Alcantarillados, a aquellas comunidades que luego de un gran esfuerzo, demuestran que han implementado acciones para buscar el mejoramiento de las condiciones ambientales y reducir el impacto sobre los recursos naturales.

Se califica muy rigurosamente la calidad del agua, el tratamiento de desechos sólidos, planes ante situaciones de emergencia, esquemas de educación ambiental, proyectos de reforestación y de reciclaje, entre otras cosas, como la ubicación mediante rótulos de los atractivos turísticos y demás sitios de dichas comunidades.

Conozco el caso de San Vicente, comunidad a unos 14 km al sur de Ciudad Quesada, cuyos habitantes formaron un Comité y trabajaron arduamente para conseguir este distinguido galardón. Ahora, San Vicente luce más bella que antes, y eso ya es mucho decir. Su agua proviene de la naciente del Río Peje, ese mismo que por la Ciudad pasa contaminado. El Parque Nacional Juan Castro Blanco (el Cerro Platanar que ven a su derecha) está a unos cuantos pasos de allí, por lo que la riqueza natural es cosa común. Esas riquezas ahora están más protegidas, y no sólo porque ganaron este premio, sino por el esfuerzo de plantar muchos árboles nativos en lo que llamaron “Bosques de San Vicente”, proyecto financiado a través de apadrinamiento de árboles.

proyecto de reciclaje

Este logro no tiene ni beneficio económico directo ni remuneración alguna. El esfuerzo de los habitantes es por puro amor al lugar y para garantizar un lugar ambientalmente seguro para sus familiares. Sin duda, esa labor tesonera es digna de toda admiración. La verdá uno desearía que otras comunidades copiasen el trabajo de personas como las de San Vicente y el resto de comunidades, escuelas y playas que este 2007 obtuvieron la Bandera Azul Ecológica.

rotulación con mensajes conservacionistas

La Extra y La Nación tienen otras cosas que decir sobre esto.

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