Jaguar del Platanar: anécdota
Una tarea que tenía en una de sus clases de biología, era la de comprobar cuáles pequeños animales vivían en ese lugar. Me dijo que debía meterse en la montaña al atardecer y poner unas pequeñas cajas de metal con un poco de comida adentro. La idea era atrapar algunos animales para identificarlos y luego dejarlos libres de nuevo. Para eso había que poner trampas con una distancia de unos 30 metros entre una y otra. ¡Y eran 40!
Convencido y emocionado en colaborar con la causa, nos adentramos sobre el sendero que lleva a una catarata. Prix llevaba un bulto lleno de comida para atraer animales. A mí me tocó llevar una mochila repleta de las cajas de metal. Además, llevábamos un foco y un machete. Estaríamos allí una hora máximo, hasta cuando llegara la noche. Usamos el sendero principal y luego nos desviamos a uno secundario, cerca de una quebrada donde pensamos que era mejor poner las cajas.
Empezamos a colocar las trampas con sumo cuidado. Cada una de ellas demandaba unos 5 minutos entre la ubicación del mejor sitio, poner la comida y señalar con una cinta anaranjada el lugar donde ubicábamos la caja para después encontrarlas más fácilmente.
No llevábamos ni 15 cuando ya estábamos bien adentro. La luz escaseaba y la densidad del bosque se hacía mayor. El sonido de la quebrada, siempre a la derecha, era el punto de referencia para no perdernos. Era ya la hora de usar la luz artificial.
Al rato no más, el foco empezó a fallar. Yo, que soy muy pendejo a las culebras empecé a sugestionarme y pensar lo peor. Temeroso le dije a Prix que regresáramos, pero ella insistió que nada malo pasaría. Proseguimos con la tarea mientras nos adentrábamos más.
Si de día es difícil caminar en el bosque, sorteando ramas y arbustos, en la noche peor. El foco titubeó hasta casi morir. Yo no podía ver mi propia mano. Ni siquiera podía poner las trampas como se debía. Sin luz no se podía ubicar bien el sitio para cada caja y no estábamos seguros si la posicionábamos bien. Ya no era lógico seguir allí.
Caminamos hacia el sendero principal. Para eso teníamos que subir una pendiente pronunciada. Lo que no calculamos fue que algunos árboles habían caído recientemente. Regresamos unos pasos y sorteamos un canal que había hecho el agua y que daba al río. Subimos un poco hasta que encontramos un hueco lleno de arbustos. Los pies no encontraban nada sino pequeñas ramas que se rompían fácilmente.
Mi temor me llevó a escuchar con agudeza cualquier cosa que me advirtiera peligro. Cada paso era dado con cuidado y sutileza. De repente, al otro lado del canal, justo por donde habíamos regresado, escuché unos pasos sobre las hojas, algo distinto a los otros cientos de ruidos que percibía. Escuché como algo que cayó de pronto y luego se mantuvo quieto. De inmediato, alucinando o no, vi una figura felina, como a los 50 metros. Traté con el foco y encendió. La luz era tenue pero de algo servía. Lo dirigí hacia el punto donde provenían los sonidos. La piel se me erizó. Sentí la adrenalina fluir velozmente, y así quise correr y escapar. La vegetación y la oscuridad me lo impedirían y yo lo sabía. Prix, a mi lado, notó mi temor y me preguntó qué pasaba. Mi reacción pasó del silencio al sobresalto.
Le dije que viera hacia donde dirigía la luz pero no lo hizo de inmediato. Yo juraría que de la figura distinguí los colores irrepetibles del jaguar. Luego, se movió un poco más y vi dos ojos que reflejaban la débil luz del foco. Allí fue para mí la confirmación de lo que pasaba. Casi empujando a mi compañera bajamos la pendiente. Pensé que el canal y los arbustos serían nuestros aliados de momento. La cosa era alejarse.
Prix no me creyó y pensó que yo deliraba. Prosiguió su paso con cautela, sin correr, sin huir, solo caminaba. Yo, iba detrás de ella, confundido. La duda de si eran alucinaciones o si era un ser real, me llevaba al dilema de estar loco o estar a punto de enfrentarnos a un jaguar. La obstinación de Prix me convenció de momento que era yo el que estaba mal y pensó que lo mejor era regresar al punto donde no pudimos avanzar antes. Para mí fue lo peor, porque debíamos pasar cerca del punto donde vi o creí haber visto al felino.
Llegamos al punto en que no era posible pasar; había un gran tronco que obstaculizaba el paso y grandes ramas que hacían casi imposible pasar por encima. El machete resultó inútil contra ese árbol caído, además de lo peligroso de usarlo en la oscuridad. La quebrada ahora se oía a la derecha y la izquierda. Al parecer de la pendiente salía una pequeña naciente que se unía a la quebrada y nos confundía. ¡Parecía que había dos ríos!
Retornar al paso inicial era la única salida, pero los troncos que habíamos esquivado cuando hubo luz eran un gran obstáculo en la oscuridad. Estábamos encerrados…Adelante agua, a la derecha agua, atrás e izquierda troncos. La solución era esperar a que la luz de la Luna nos orientara un poco para salir del dilema. La Llena había sido tres noches antes y pensamos que cerca de la media noche la veríamos aparecer.
Buscamos un punto seguro donde sentarnos a esperar. Subimos a un gran tronco y encontramos una parte plana del mismo. Hallamos unas ramas que servían de respaldar. Las espinas no hacían muy cómoda la estancia, pero cuando menos, nos permitían descansar un poco.
Prix insistía en seguir, quizá desesperada. Yo, atemorizado, pensaba que permanecer allí era lo mejor. Tomar energías, esperar la luz y retomar el paso. Después de todo estábamos resguardados entre ramas gruesas y veíamos todo desde un nivel mayor al resto de cosas. Si algo se nos acercaba lo veríamos venir y allí el machete sería la esperanza.
Dormir un poco sería la solución pero no era sencillo. Los mosquitos, aunque no muchos como tendrían que haber estado allí, nos impedían estar quietos. Los abrigos y buzos nos salvaron un poco de las picaduras y del frío, que no fue mucho porque tuvimos la suerte de que no llovió.
La noche avanzaba y la Luna se negaba a aparecer. Constantemente observaba el reloj y el tiempo parecía detenerse. Todo un mundo distinto era el de la noche en la profundidad del bosque. Grillos, agua, viento, combinados todos ellos con otros sonidos indescifrables.
El foco parecía revivir al rato de no usarse, pero aun así era insuficiente para salir de ahí. Solo lo usaba cuando presagiaba la llegada de un coyote o cuando sentía que algo como un insecto raro subía por el tronco. Dos segundos de luz bastaban para calmar mi desbordada inseguridad. Prix, mientras tanto, trataba de descansar en medio de la incomodidad. Yo, no podía cerrar los ojos más de un minuto para estar alerta.
Pensé que alguien nos vendría a buscar si veían que no regresábamos. Pero los papás de ella habían salido y regresarían tarde. Talvez ni se enterarían que no habíamos vuelto a casa.
Eran las 3:00am y algo de luz asomaba entre las frondosas copas. Aun así, la luz era insuficiente. Casi nada cambiaba. Había que esperar el sol. Dos horas y media más y saldríamos rápido de allí.
Las horas, los minutos, los segundos se volvieron días en mi mente. Estaba en una lucha interna entre la desesperación y la calma. Tenía todo el tiempo del mundo para pensar, para meditar.
Con angustia llegó el alba. Emprendimos de nuevo el camino. Bajamos del árbol y retornamos al sendero secundario. Empezamos a recoger las trampas y vimos con desazón que estaban todas vacías.
Salimos con todo como a las 6:30am y no vimos ningún animal en las cajas. Yo juraría que vi uno en la selva, suelto, en su hábitat.
Llegué exhausto a la casa. Comí, me bañé y luego dormí en el día lo que en la noche no pude.
Luego, llegaron las historias en el pueblo. Miles de versiones circularon y obvio ninguna de ellas menos creíble que el jaguar que vi.
Nunca nos perdimos, solo no pudimos seguir en la oscuridad. Pero la prueba de la paciencia y la espera nos ayudó a mantenernos seguros.
Mis amigos a partir de entonces, entienden que poner trampas es equivalente a tener sexo en la montaña, pero yo confiado en mi verdad, tengo una historia más para contarle a mis nietos, que quizá lleguen a conocer el jaguar solo en foto.
Facebook comments:


Pues yo me hubiera muerto del miedo setenta veces… u ochenta. Y no me habría movido del árbol ni loca, bueno, a decir verdad me hubiera ido desde que empezó a oscurecer, pero es que soy una gran pendeja!
Hola!!!
Te tengo tarea en una encuesta de mi blog!!!!
Hola, me agrada su blog…le puedo tomar su imagen del reggaeton??
Jaja…yo soy el que se estaba volviendo loco con EU, pero no es el futbol lo que causa mi actitud con los vecinos del norte…creame.
Que cool lo que te paso!! No lo de la perdida y eso, pero tener un jaguar frente a frente … muy pocas personas lo viven
Denise: diay yo estuve más o menos en las mismas. Prix por su sentido explorador quería seguir pero yo era el que quería quedarme en un lugar.
l0k0: gracias compañero. Claro! Cópielo que así le hacemos guerra al reggaetontón! Yo también lo robé, jejeje.
Violetta: pero nadie me cree que pude verlo, la gente piensa que miento o que aluciné, y que yo sepa no como hongos jajaja.
Mariela: Hola!!!
Jaguar:
Pues… yo seré el que desentone los comentarios ¿Abrazó la muchacha? ¿Se hicieron novios? ¡A mi nunca me pasó eso!!!!!!
Me agarró ansiedad con sólo leer la historia. Ahora, de haber estado ahí….AAAAAAAAAHHHHHH.
Pero al final, hermosa.
Ese bosque es lindísimo, pero en la noche puede llegar a desesperar del miedo en una situación de esas!
una excelente anécdota, sin duda
saludos
jajaja porq le creen? yo apoyo la otra version de las trampas, jaguarsillo mentiroso y lo mas vacilon fue que la odisea fue en el patio de la casa de la muchacha mmmmm jaja. este post tengo q anunciarlo a los otros! Saludos Pepe q nos tiene demasiado abandonados mae!
Julio: nos abrazamos solo un toque para cubrirnos un poco de la brisa que llegó a pegar por momentos. No pasó nada más. Era mi mejor amiga en ese entonces. Año y resto después nos hicimos novios. Pero esa historia no tiene nada que ver con que ahora seamos pareja, aunque mis compas nunca me lo crean.
Jaqui: créame que fue un viaje extremo, de esos de los que la gente pagaría mucha plata, y yo lo hice de’a gratis. Y sí, también quise gritar del miedo, o correr o huir o lo que fuera pero me contuve. Gracias.
Elías: la vi fea mae, siá bárbaro. Pero salí vivo por dicha, jejeje. Fue una verdadera prueba a la paciencia, mae nunca había pensado tanto como esa noche. Tuanis.
Chico: jajajaja, mae qué varas las suyas, deje de meter cizaña mae, estoy contando la historia fielmente como pasó. Ya que ninguno de uds me crea no es mi culpa.
El detalle de lo que son para la gente las cosas y lo que sucedio en realidad, la forma de narrar escelente que te atrapa, la historia de el jaguar, la descripción de estar perdidos, de el miedo, de lo que no ocurrio y la morbosidad insinuaba al oido, excelente historia, muy bien relatada!
A pesar de todo los ratos “amargos” que paso usted esa noche, la historia se podria ver desde otra perspectiva. El hecho de que aunque fuera por escasos segundos,y tal vez con un poco de ayuda de su mente, tuvo la dicha de poder obsevar una de las especies mas intrigantes y de una gran belleza que habita en la montaña. Y que estoy seguro que muchos solo en fotos y documentales habran visto… Y por lo demas excelente historia para contarle a los nieos sin duda alguna….
Esta buena la historia. A mí una vez me pasó algo parecido cuando estaba en el cole.
Amorexia: muchas gracias compañero.
Jose Pablo: si fue imaginación, he de decir gracias imaginación. Si fue real, qué dicha. Gracias, pura vida.
Michael: tuanis, y a ud qué le pasó? dónde?
Jaguar:
Lo entiendo plenamente. Corresponde a caballeros ser reservado y no alimentar especulaciones poco honorables. Éxitos en el noviazgo.
Michael: Cuente qué fue la vara porque reservarse detalles genera prejuicio y especulaciones poco honorables.
(jajajajaj)
Julio: jejeje pura vida, gracias. Mae, no sé pero esa palabra “honorable” sobre todo la veo cuando dan en la tele alguna cinta de China o Japón ¿verdad? No sé solo como curiosidad lo comento, parece que por estos lados esa palabra es poco utilizada. Tuanis. Selé el honolable jagual!
Así es Jaguar!!! Para dar un mensaje diferente hay que usar lenguaje diferente!!!!!!! jajajjaja!!! Y ahora a “presionar” a Michael a que cuente si él encontró la Laguna Azul!!!!! jajajjaaj!!!
La Laguna Azul, jajajaa, lo mío fue como el Monte Azul más o menos… Mae, mis compas siempre me preguntan: “mae, cuando va a poner trampas otra vez”…ya me acostumbré a la idea y en nuestro lenguaje poner trampas, o trampiar es equivalente a “lanciar”, jajajaja.
cantinero de cuba cuba cuba, cantinero de cuba cuba cuba solo bb agua ardiente para olvidar….
Muy valioso tu post de arriba. Qué buena nota.
Cariños.
Muy bonita la historia ,lo importante es que el jaguar con paciencia y astucia CAPTURO la presa ,felicidades
linda pareja.
Viejillo
Gitana: buena pieza!
Julia:
Chico: jajaja que varas las suyas. Buenísimo su chile mi tata. Espero mi suegro no lea su comentario jajaja.