En una suerte de mutación entre colegas, hemos notado ciertas similitudes entre el ADN político del flamante candidato republicano a la presidencia de EEUU, John McCain, y dos de nuestros políticos en Tiquicia que han ocupado la presidencia, por más cansado que resulte dicho ejercicio.
Primera coincidencia genérica: resulta que McCain, que quiere dirigir el país más poderoso en el mundo, quiso eludir el debate contra el candidato demócrata, Barak Obama. Igualititico fue Oscar Arias, quien luego de que en 1986 pidiera a gritos debatir contra Calderón, veinte años después, en una muestra de la democracia en la que cree, eludió cualquier cosa cercana a un intercambio de ideas (exclusiva quizá para su selecto grupo de más de 1000 asesores). Al final McCain no pudo evitar el debate, mientras que Arias dio cátedra al respecto.

Segunda coincidencia genética: resulta que McCain, candidato a tener el mando de una potencia económica (bueno, esto ya ni se sabe si es cierto); admite públicamente que la economía es algo que nunca ha entendido bien, frase contundente si se quiere ubicar en el marco de crisis que se respira actualmente en el país que quiere gobernar. Igualititico que el señor Abel Pacheco quien reconoció que de economía no sabía nada y aún así logró el favor del voto de la mayoría de quienes fueron a votar.

Tercera coincidencia genética (caso especial): el amor de McCain por la guerra y la insistencia de enviar más tropas a Irak. De la parte de la tierra de la salsa Lizano y el cuatro plumas, Pacheco fue el único tico que apoyó la invasión a Irak, dizque porque prefería ver que chiquitos iraquíes murieran y no que fueran ticos. Está de más señalar que esto causó el repudio generalizado de quienes no amamos la guerra (genes contrarios a los de McCain).

Bueno, ahí esa mezcolanza de genética y política y que vemos como coincidencias, pero que quizá exista alguna otra explicación más razonable del por qué ocurren.