Crucitas: la minería no es la única opción

Este fin de semana tuve el privilegio de visitar Crucitas de Cutris. Lo hice en compañía de un grupo de personas que quisimos informarnos sobre otras opciones distintas a la que propone la empresa minera, actividad que el gobierno y la Municipalidad de San Carlos respaldan como única solución a la pobreza en una lógica de dos salidas: la minería o la pobreza eterna.

De camino a Crucitas me alegró ver mucha vegetación, contrario al panorama desértico con el que pintan esa zona. Amplias áreas de bosques, zonas de protección y proyectos de reforestación caracterizan el paisaje desde Coopevega hasta la comunidad de Crucitas. Sin duda, esta primera impresión nos habla de un sitio en el que todavía hay muchas cosas que conservar.

El camino es transitable, en especial el trayecto de 11km desde Chamorro hasta Crucitas, que la empresa en conjunto con la Municipalidad de San Carlos repararon (nótese el plural). Pues bien, árboles y camino, dos palabras para describir esa zona.

Visitamos el Río Infiernillo y viajamos hasta el San Juan, luego regresamos al pueblo y en la casa de una de las 9 familias de Crucitas fuimos recibidos. Una finca ganadera con amplios repastos en el centro y zonas de bosque hacia los lados. Un camino de tierra nos llevó hasta la casa de madera donde Alfredo Arias vive con su familia. Allí pudimos conocer un poco más de información sobre las alternativas económicas que tiene la comunidad. En resumen, dijo que en Crucitas se produce leche, arroz, maíz, yuca y plátano. Como dice don Alfredo “aquí todo lo que se siembre se pega”. En la comunidad viven 9 familias y de todas ellas 6 o 7 personas trabajan actualmente en la mina.

Nuestra impresión sobre Crucitas, además de relato de Alfredo Arias, nos indica que la minería no es la única opción para salir de la pobreza, pues hay un potencial agropecuario y turístico que instituciones públicas y privadas deberían impulsar. Eso sí, comparando modelos de desarrollo, el propuesto por la empresa y respaldado por las autoridades, sí es el más contaminante y el menos sostenible. ¿Es eso lo que queremos?