Foto tomada de La Nación
El primer partido de la semifinal entre San Carlos y LDA ha tenido sus cosas. Tres buenos goles, una cancha maltratada, los graderíos completamente llenos, los gritos de chanceros y vendedores de todo, el característico olor a carne asada que recorre el Carlos Ugalde y por supuesto, la incesante danza de la lluvia y el sol. Datos inconexos que describen varias horas llenas de diversidad y matices en un deporte que hoy unió a los sancarleños en el Cementerio de los Elefantes.

Pocas veces San Carlos ha participado de una semifinal, de hecho esta es la segunda en su historia, y ambas contra la LDA. La primera vez fue el campeonato de 1994-1995 en el cual empatamos a 1 en casa y perdimos 2 a 0 de visita. El verdugo norteño fue el entonces goleador manudo Juan Carlos Arguedas, hoy técnico de la Asociación Deportiva San Carlos. La vida da muchas vueltas y el futbol no es la excepción. Arguedas ahora lleva ventaja y ha hecho historia: ha ganado el primer partido en que San Carlos disputa la antesala de una final de campeonato nacional.

Los tres fueron golazos, marcados por la habilidad de darle de seguido (Clark), de juego colectivo (Woodly) y de destreza individual (Rodríguez). Bien valieron la pena para pagar el boleto y un vivirlos en una histórica semifinal en San Carlos.

El rojo predominó en el Carlos Ugalde. Las gradas se llenaron de camisetas del equipo, que según cuentan, se agotaron desde el jueves pasado en las tiendas de artículos deportivos en Ciudad Quesada. Sin duda, un éxito comercial que demuestra que este equipo tiene afición, y que si se mejora en marketing pueden llegar recursos frescos para la institución. En setiembre propusimos en el foro web del equipo, el diseño y venta de artículos varios ,para satisfacer un mercado poco aprovechado. Eso fue meses antes de que me expulsaran del foro sin comunicarme el por qué, a pesar de mi incondicional apoyo a los Toros. En fin, hoy se demostró que si el equipo vende sombrillas, la gente las comprará.

La Doce llegó y salió sumamente custodiada por la Fuerza Pública. En medio partido apoyaron con cánticos y tambores a los suyos, aunque no faltaron los que estuvieran afuera pidiendo tejas para entrar o incluso tirando bengalas a los jugadores en medio partido.

El clima fue cambiante durante todo el juego, antes de las 10am había sol, pero cerca del inicio llegó la lluvia y con ella la venta de “capas”: bolsas de basura con gorro y mangas a 1000 colones. Lluvia con viento y láminas rotas, hicieron pulular los vendedores que cuando hace calor venden “pecsis” y cuando llueve, sombrillas y ponchos. Sin duda, estos señores cargan maletines más grandes por dentro que por fuera. Además, poseen una gran habilidad para lanzar su mercadería, y recibir de los clientes las monedas y billetes, cual detención del portero de un remate a marco.

Los chanceros llevan los enteros y los venden a gritos en el estadio. Su visión de ave de rapiña y sus rápidos movimientos en la gradería son esenciales para vender el ganador del Gordo (100 o 200 pesos más caro cada pedacito). La técnica la completan con el mostrario al aire, enseñando el entero en cuestión y anunciándolo como el que hará millonario al comprador. Lo intrigante es que son personas que bien podrían trabajar en cualquier otra cosa y no son precisamente en el perfil que la JPS pretende beneficiar con ese trabajo.

Los helados más caros del mundo están en el Carlos Ugalde. No son los Häagen-Dazs, son más sancarleños que el Cerro Platanar y el Volcán Arenal, pues los hace la Dos Pinos, que tiene su planta a solo 1km del estadio. Mi sobrina se antojó de uno y este tío pagó (no muy alegremente) 1000 pesos por uno de esos crujientes con chispas de chocolate.

El triunfo alegró a los sancarleños pura cepa (es que además están los bipolares sancarliguistas o sancarprissistas) aunque bien nada está asegurado y todo quedará para el Morera Soto. Sin embargo, ganar en una semifinal y golpear primero, ha sido un avance en esta lucha por un sueño del que esperamos se convierta realidad.

Muchas cosas, mucho matices. Así fue hoy el Cementerio de los Elefantes, el Carlos Ugalde Alvarez, donde los más grandes caen.