Nubes

Sentados en mecedoras, desde el corredor, el nieto y el abuelo hablaban de lo que veían a lo lejos. Tras la colina, tierra de potreros, grandes nubes blancas volaban a prisa, seguidas por densas nubes oscuras, como en una persecución fugaz que llegaba hasta la llanura.
- Abuelito, ¿por qué esas nubes van tan rápido? -preguntó el pequeño.
- Porque se las lleva el viento -respondió el abuelo con la seguridad que dan los años.
- Y ¿por qué son unas blancas y las otras negras? -prosiguió el nieto.
- Es que las negras van cargadas de agua. Va a ver que ahorita llueve allá abajo -dijo el abuelo como buen meterólogo empírico.
- ¿Y lo que echa el fogón son esas nubes que llevan agua? -respondió el niño, asociando causas y colores.
- No hijo, eso es humo. Es negro pero no lleva agua. Las que llevan agua son aquellas nubes de allá -respondió, mientras señalaba con su mano callosa las nubes que se iban posando lentamente sobre la incipiente ciudad.
- ¿Y por qué allá abajo las nubes se ven que paran? -inquirió el pequeño al observar la llanura y la velocidad con que las nubes se movían.
- Es que nosotros estamos muy alto y en la montaña pega más viento. Allá abajo es más tranquilo -aclaró de inmediato el abuelo.
- Ahh…si nosotros estamos más arriba, entonces vemos las nubes más cerca, ¿verdad? -concluyó con sabiduría el pequeño, que el año entrante iría a la escuela.
- Sí m’hijo -dijo el viejo, sorprendido por las conclusiones de su nieto.
- Abuelo, ¿usted me puede llevar allá abajo a ver las nubes? Es que quiero verlas más despacito -dijo con ternura, como pidiendo el favor de un paseo.
- Claro m’hijo, mañana voy a hacer mandados y usted va conmigo. Eso sí, pídale permiso a su mama porque vamos a durar mucho. Es que hay turno y seguro vamos a comernos un tamalito con aguadulce -apuntó, con la voz de abuelo bonachón.
A lo lejos se oyeron, dos bombetas que anunciaban los festejos al santo patrono, y poco después, las nubes descargaron su riqueza sobre el pueblo, que el nieto y el abuelo, visitarían el día siguiente.
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Lindo… con la belleza que solo da la sencillez.
me encanto este texto perohe estado buscando el cuento el amor de la abuelita de ramon fonseca mora me gustaria lo publicaran
Gracias!
@Nicole: gracias. Sobre el otro cuento, en honor a la verdad, no lo conozco. Si tuviera el enlace al cuento se lo daría, pero lo busqué y no lo encuentro. Saludos!