Llegola, infectola y avanzola... por Gby

La noticia de la fiebre porcina no sólo le ha dado la vuelta al mundo, sino que lo tiene de cabeza. Al menos un mundo basado en lo que dicen los medios de información masiva.

Miedo y necesidad

El escenario actual, podría describirse como el de un planeta temeroso por una pandemia asesina, digna de alguna apocalíptica y mutimillonaria producción hollywoodense. Hay miedo por doquier, miedo al salir a la calle, miedo de ir a la escuela, miedo de saludar, miedo de estornudar, miedo de besar, miedo de oir la radio y de prender la tele. Al inicio de esta historia era miedo a los mexicanos, ahora el miedo es a todo aquel que haya estado en México.

En medio de esto, surgen necesidades si se quiere, artificiales,  creadas quizá como consecuencia de esos mismos miedos. Necesidad de tomar antivirales, necesidad de comprar y usar mascarillas, necesidad de cerrar las fronteras, necesidad de informarse, necesidad de limpiarse como nunca antes, necesidad de tomar precauciones; en resumen, necesidad de sobrevivir aun cuando haya que olvidarse de tener vida social y de rechazar al portador de la enfermedad.

Los medios y la generación de rumores

Los medios, en su accidentado trajín, crean una amenaza quizá mucho mayor que la realmente existente. La gente, reaciona ante el aguacero informativo con lo más normal y humano, la preocupación, como contagiados de una enfermedad propagada a través de la pantalla. Las televisoras entrevistan una y mil veces a las autoridades de salud. Luego comunican de los casos en México y de las muertes (aun cuando las cifras sean contradictorias si se consultan fuentes distintas), y que Egipto mandó a eliminar todos los cerdos, que en España y Austria hay infectados y que murió un niño en EEUU. Por si fuera poco, aparece el primer caso en Costa Rica, se divulga el nombre y otros datos de la persona enferma y la opinión pública (incluida la Ministra de Salud) emite juicios de valor contra ella por la forma inadecuada en que manejó el asunto y el riesgo en que puso a muchas personas, críticas luego aclaradas y desmentidas por ella misma.

Los rumores y el miedo surgen y se alimentan con la desinformación que empiezan a generar las distintas interpretaciones, que unas personas ofrecen a otras, como una especie de virus, mucho más dañino que el H1N1. El  caudaloso río informativo sobre el tema, con exceso de aguas contaminadas, no hace sino inundar las conciencias de muchas personas que creen incondicionalmente en los medios, o lo que en nombre de ellos, se dice.

Juan escuchó de Pedro, que la esposa de este, vio en la tele que hay casos sospechosos cerca de su comunidad. Juan, sin confirmar ni buscar más detalles de lo que Pedro le contó, da por un hecho  dichas afirmaciones. Después de todo, piensa Juan,  si sale en el noticiero es porque es la verdad. Juan y su esposa deciden no enviar a sus hijos a la escuela y además, corren a la farmacia a comprar jabón y mascarillas. La desesperación aumenta al ver que no hay existencias de esos productos o que deben esperar un par de días para conseguirlos. Si bien es este un relato ficticio, ya se empiezan a escuchar testimonios similares en el ajetreo cotidiano causado alrededor del tema.

La invisibilización de males históricos

El masivo flujo de información sobre la influenza provocó la invisibilización de males que han amenzado la salud pública por años. Como dijo Jorge Lanata, la influenza ha hecho olvidar los problemas causados por el dengue, en el caso argentino, y que nosotros podríamos perfectamente equiparar en Costa Rica con las defunciones causadas por ataques cardíacos, la diabetes,  el cáncer de estómago y de seno; enfermedades, todas ellas, mucho más asesinas que la fiebre porcina. Ni hablar de los accidentes de tránsito y los femicidios, situaciones perfectamente suceptibles de prevención.

Las preguntas

El tema da para mucho pero trae consigo toda una serie de interrogantes que bien sería justo que alguien respondiera: ¿Acaso hasta ahora es importante mantener el higiene? ¿Acaso para sobrevivir debemos aislarnos? ¿Cumple la prensa un papel informativo o más bien modifica la realidad con enfoques sensacionalistas? ¿Cuál es el papel de la industria farmacéutica en todo esto? ¿Cuál el rol de los Estados? ¿Qué tan seria es la situación si hay otras enfermedades que acaban con la vida de personas desde hace muchos años?

Ahí se las dejo…