En tiempos de contienda electoral, la atención en campaña, el día de las elecciones y por los siglos de los siglos amén, se concentra en la decisión por la presidencia. Los anuncios, los reportajes, las fotos, los debates; todo para “informar” a los electores sobre la persona que administrará el Poder Ejecutivo por 4 años.

Un poquito menos el tema de los diputados, mejor dicho, mucho menos. La conformación por listas, que contribuye a elegir a pésimos diputados, facilita al actual sistema a la elección en línea y por ende, desincentiva el estudio de los candidatos y sus propuestas. Por ello, más que todo, la atención sobre la elección de congresistas es mínima.

Para el tema de los regidores la cosa es extrema. El votante promedio -ese que se “informa” de sus candidatos en los anuncios de la TV- vota a ciegas. O bien es un quiebre del voto respecto a la opción elegida para la presidencia -el menor de los casos- o es un voto partidista, el famoso voto en línea para mantener su fidelidad partidaria y no salirse de la zona de confort para invertir tiempo en estudiar otras propuestas. Por esta misma razón, la lista de regidores resulta en apenas una anécdota, un dato histórico, un plus poco atractivo. “Cualquiera que pongan lo hará mejor que el del otro partido” parecería ser la lógica en la mayoría de los electores.

Lo más malo del asunto, en una debilidad del sistema que ojalá sea superada, es que en esa jerarquía de importancia reflejada en la campaña, se manifiesta también una vez que entra el TSE al escrutinio y comunicación de los resultados.

Los medios corren por conocer el dato de presidentes y lanzan sus modernos gráficos con “pantalla táctil” incluidos. Los porcentajes aparecen, al igual que los vítores de quienes lideran así como la desazón del resto -la gran mayoría “no ganadora”. Mientras surgen los gráficos de curules conseguidas por partido, la cosa se vuelve más compleja, cuando entra en juego el cociente y subcociente y vuelve cambiante los resultados con cada nuevo corte, cosa muy rara en el tema presidencial. Los regidores no son importantes en ese momento, al menos no para los medios que se concentran por el espacio de Zapote y un poquito en Cuesta de Moras. Los Gobiernos Locales por el momento deben esperar.

¿Cuánto? El TSE dice que tiene hasta 60 días, para dar a conocer los resultados definitivos, lapso ridículo en tiempos donde los sistemas de cómputo bien utilizados, permitirían una entrega más expedita. Mientras pasa esa eternidad, los partidos -en especial el PLN- empiezan a manejar cifras extraoficiales que a cuenta gotas dan a conocer según su conveniencia. A la hora en que se escribe este post, poco más de un día después del cierre de las urnas, no se conocen ni por asomo, los datos del TSE sobre la elección de regidores. Repetimos, la elección de regidores es sistemáticamente desdeñada, aun cuando el resultado presidencial está más que claro.

No sabemos si es que la información es tanta que ni los sofisticados sistemas de cómputo quedan al borde del colapso con tantos datos, o si por el contrario, es algo de tortuguismo voluntario por alguna razón de volumen de trabajo o quien sabe qué… Lo cierto es que la incertidumbre que innecesariamente genera el TSE, alimentada además por el fracaso en su sistema de comunicación por Internet, genera mucha ansiedad en los partidos, especialmente en casos donde los reportes preliminares auguran una elección de “foto finish“. Sin duda, un punto por mejorar para el TSE.

Para suerte de todos, la elección de regidores se separará de la de presidente y diputados, para sincronizarse  dentro de 6 años con la de alcaldías y así, dejar una elección exclusiva para determinar la conformación de los Gobiernos Locales. Esta medida nos gusta porque así, los votantes podrán estudiar como se debe a las distintas propuestas, realizar debates y confrontar ideas de  su visión del cantón, y no como ahora, que es casi como una especie de ruleta rusa.