La Universidad pública en mi vida
Yo estudié en Universidad pública. Cuando estaba en quinto año de secundaria, hice con grandes ilusiones la prueba de admisión en el querido Liceo San Carlos. Luego de ese examen no sabía si me daría la nota o no, pero sabía que de no obtener un resultado satisfactorio, mi educación superior no estaría segura, principalmente por el factor económico.
Por dicha, el resultado fue bueno y pasé ese primer filtro que por cuestión de cupo y de calidad deben realizar las Universidades. Ingresé a la UCR a finales de los 90 con mucha alegría por la formación en un centro de estudios superiores y, para ello, debí trasladarme de mi amado San Carlos a la ciudad capital. Esta migración, es sin duda otro de los filtros que mucha gente que vive fuera de la GAM, ni siquiera decide aceptar, muchas veces por miedo a San José, y que le “obliga” realizar sus estudios en la zona dependiendo únicamente de la oferta universitaria local.
Antes del inicio del primer semestre realicé la solicitud de beca y, luego de un estudio socioeconómico, la Universidad me benefició con beca 10, esto es, la U me exoneró el 100% de costos de matrícula y de las materias. Los recibos que pagaba cada semestre dificilmente alcanzaban los 3000 colones por montos de bienestar estudiantil y el seguro social. De cuenta de mis padres, tenía que sufragar el alquiler de un apartamento, transporte y alimentación, aunque no en forma completa pues la U también me exoneraba el servicio de comedor varias veces a la semana dependiendo de mi horario de clases.
Siendo estudiante universitario tuve un problema de salud, que desembocó en una cirugía de emergencia en el Hospital San Carlos. El seguro social, que si acaso era de 1000 colones por semestre, cubrió mi estancia de una semana en dicho centro hospitalario, cuyo costo real fue de 533 000 colones. Puedo decir tranquilamente que entre la CCSS y la U pagaron esa operación que hoy me tiene con vida.
Además de las lecciones, la U me brindó también servicio de odontología, pero aún más, la posibilidad de conocer una gran diversidad de personas, de corrientes de pensamiento, de proyectos de investigación, de TCU’s, de acción social, etc. Ahí viví personalmente el aporte invaluable que las U públicas le brindan al país. Y lo sigo viviendo.
En la U logré graduarme y pude conseguir empleo de calidad. En mis trabajo he podido aplicar mucho de lo que aprendí, y pude proseguir con la más valiosa lección universitaria: aprender a aprender.
Sin la beca difícilmente hubiese concluido este ciclo. En varios meses de alquiler gasté más que lo que tuve que desembolsar por las clases durante toda mi carrera, aunque éstas me dieron todo lo que ahora poseo. Por eso, me matriculo con la U pública. Por eso apoyo 100% su lucha por un presupuesto fuerte, que le permita crecer y seguir investigando.
Sin una buena preparación, sin una buena prueba de admisión y sin la determinación de salir de San Carlos para estudiar, no hubiese logrado llevar mi carrera universitaria. El apoyo de mis padres, el financiamiento estatal y el pago de quienes no tenían beca, financiaron mis estudios casi por completo. Gracias a ello ahora puedo mantener mi familia y tener una vida digna.
Conciente de que la forma de manejar el presupuesto es perfectible y de que las Universidades pueden generar más conocimiento aplicado, mi posición respecto al FEES es que debe ser respetado por el Gobierno y proporcionar una cantidad justa para el crecimiento y fortalecimiento institucional de estos centros de estudios. Debilitar el FEES es debilitar ese modelo que ha beneficiado a miles de estudiantes que hoy son profesionales y realizan un gran aporte productivo e intelectual al país.
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