San Carlos | Costa Rica
literatura
Nostalgias de un “culito e’ gasolina”
Feb 16
Usar exageradamente cualquier medio automotor (léase carro propio o ajeno,”rai”, taxi, bus, güagüa, etc) para cualquier cosa que signifique trasladarse más de 100 metros, aparte de consolidar el cada vez más preocupante sedentarismo en el que uno tiende a caer y aparte de hacer más vagos e inútiles a los músculos, en especial el corazón, provoca también algo que tiene que ver más con los sentimientos y el sentido de pertenencia. Dejar de caminar por el barrio es desarraigarse de a poco y a varios kilómetros por hora.
Hoy en mi barrio, salió por ventura que tenía que hacer 2 mandados, de esos mismos que uno hacía contra la voluntad de niño y también de adolescente, en el que había que ir donde un familiar a recoger algo de comida y luego pasar a la pulpe para completar el almuerzo.
Pensé en usar el carro, pero luego de hablar acá del ambiente sería algo contradictorio. Me dispuse a caminar a pesar del fuerte sol que hacía esta mañana en Ciudad Quesada. No tardé muchos segundos, luego de mis primeros pasos sobre la acera, en remitirme el mandado a aquellos viejos tiempos de infancia. Cada hueco en la acera, el olor de los almuerzos de las casas por donde pasaba, la brisa, el sonido de los talleres, el bus bajando y subiendo gente, la verdulería, la bomba, algunos viejitos en los corredores, los negocios de siempre que solo han cambiado de dueño pero no de espíritu.
El viaje de la mariposa
Ago 31
En su viaje, una pequeña mariposa llegó hasta a mi casa. Jugueteaba cerca del perro que perezosamente estaba acostado en la alfombra. Ella -porque por su aire de belleza y delicadeza supuse que era hembra- se movía volando y a veces caminando entre las sillas de un corredor un poco sucio, como usualmente estaba cualquier domingo por la mañana. Se acercó mucho al perro y quise tomarle una foto por si se acercaba más. Quería un retrato singular de un adorable zaguate junto con una Heliconius hecale.
Entre los segundos que tardé en traer mi cámara y el regreso al corredor, la mariposa desapareció. Unos segundos luego, estaba de vuelta -como si hubiese olvidado algo- y aterrizó cerca de mí. Encendí la cámara y procedí, y al parecer, la mariposa también. Posaba como si advirtiera que valía la pena retrasar un poco su viaje, con tal de estar junto a aquel extraño objeto redondo en el que se reflejaba su belleza.
Nubes
Feb 3

Sentados en mecedoras, desde el corredor, el nieto y el abuelo hablaban de lo que veían a lo lejos. Tras la colina, tierra de potreros, grandes nubes blancas volaban a prisa, seguidas por densas nubes oscuras, como en una persecución fugaz que llegaba hasta la llanura.
- Abuelito, ¿por qué esas nubes van tan rápido? -preguntó el pequeño.
- Porque se las lleva el viento -respondió el abuelo con la seguridad que dan los años.
- Y ¿por qué son unas blancas y las otras negras? -prosiguió el nieto.
- Es que las negras van cargadas de agua. Va a ver que ahorita llueve allá abajo -dijo el abuelo como buen meterólogo empírico.
- ¿Y lo que echa el fogón son esas nubes que llevan agua? -respondió el niño, asociando causas y colores.
Descanso
Nov 28
La punta del lapicero incidía con mayor ángulo sobre el papel, y la tinta discurría cual agua en colina tras el aguacero. La inspiración y las ideas estaban casi bloqueadas. Se marcaba así, el juego irresoluto entre la vigilia y el sueño.
Los párpados caían como catarata que derrama su furia contra la poza. Se levantaban cada vez más forzosa y difícilmente. Ya ni la luz de la lámpara parecía contener el poder de Morfeo.
Una última idea fracasó a medio camino. El trazo de una letra se alargó transversalmente sobre la hoja, la muñeca desistió y el lapicero se separó de la mano como si quisiera huir para también descansar. Rodó y golpeó el suelo de madera y casi escapa del cuarto por la rendija.
Un cabezazo convenció al escritor, por fin, de retirarse de momento y definir que su próxima tarea sería la de buscar las cobijas y su lecho.
Pensó, optimista, que nuevas ideas nacerían en el descanso…



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