literatura

El espiado humilde (primera parte)

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El señor sabía cosas que quizá, por su trascendencia, eran consideradas secretas. El poder y la corrupción son una misma, las más de las veces. Su trabajo era visto como simple y bajo. Los altos funcionarios simplemente no lo determinaban y ese fue quizá su gran error. Los negocios turbios y oscuros que nacían en sus fastuosos banquetes, aparecían claros cuando el señor pudo oler lo que allí se gestaba.

El licor sacaba de las casillas hasta el más culto de los políticos que el llegó a conocer. Los efectos del alcohol develaban a la verdadera persona que ocultaban los modales. Los atropellos a la ley eran abiertamente planeados en sus fiestas y ahí pudo conocer que, aun en casa de ricos, hay suciedad.

Empezó a conocer los defectos y las obsesiones de los poderosos. Sus deseos más sombríos los fue captando uno a uno en cada reunión a la que asistía como encargado de la limpieza.

Su perfil bajo era muy bajo. Ni lo sentían presente. Ni lo determinaban. Hablaban cualquier cosa sin preocuparse de que él estuviese allí. Pensaron que por ser pobre también era ignorante. Quizá lo demeritaron como persona por su ocupación y posición social.

Llegó hasta sexto grado, no porque quiso, sino porque no pudo seguir. La situación de su familia se lo impidió. Con 25 años todavía tenía esperanza de continuar sus estudios y de algún día tener un título como el que ostentaban a quienes servía. Ese era su sueño. Con ello alcanzaría algún día tener más y vivir mejor. Él no quería mucho, quería lo suficiente. A veces dudaba sobre cuánto era suficiente, sobre todo después de conocer mejor a la gente para la que trabajaba.

Ya tenía 2 años de trabajar allí, con los ricos, y a pesar de eso, su salario no mejoraba tan rápido como subía el costo de la vida. Eso no parecía importarle a sus empleadores. Era un puesto difícil, la exigencia era mucha; el tiempo y dinero, escasos. Las pocas posibilidades de otro trabajo le obligaban a permanecer allí.

La situación lo indisponía cada vez más, por lo menos a sus adentros, porque era muy reservado. Quizá por eso consiguió ese empleo ahí, por conveniencia de sus jefes. Talvez el perfil bajo, muy bajo, era requisito para no divulgar lo no divulgable, lo políticamente incorrecto.

Hubo una época muy convulsa. Él lo notó con el tiempo, aun sin ostentar una maestría. Él no escribía en las páginas de opinión ni era analista político. Él vio que las discusiones y los planes ilegales, vestidos de legalidad, se gestaban con más rapidez. Más gente se unía presurosa y pudo ver incluso, mucho dinero llegar.

Su intuición le dijo que algo andaba mal. Se sentía peor, mucho peor que lo normal en un lugar al que no pertenecía. Ya quería irse. Lo empezaron a presionar para que no estuviera cuando algunos de ellos hablaban. Las cosas cambiaron. Todo parecía muy secreto. Creyó que ahora, ellos temían que escuchase algo que pudiera dañarlos luego. No podía moverse con libertad. Donde ocupase limpiar, debía recibir primero la autorización de alguien y, muchas veces, le impidieron ingresar a algunos salones por más suciedad que hubiera. Las restricciones eran demasiadas para un misceláneo y ese detalle le perturbó profundamente.

La Matrona: homenaje a doña Rosa

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María Rosa Solís Cubillo, 5/05/1922 – 22/10/2007

Abuela


Largo camino has transitado

en él muchas de tus huellas yacen

son las marcas que nos guían

son pasos fuertes de decisiones sabias

Señora de finos cabellos

erguida estás como el roble

elegante como las plumas del cacique

radiante como sol de febrero

Alimentaste a muchos seres

con comidas exquisitas y saberes

has nutrido cuerpos y espíritus

¡oh Señora virtuosa y amada!

Los años han pasado por ti

y tu experiencia es aguacero

que nos empapa de enseñanza,

libro de cuentos que has vivido

Tus ojos han regado muchas lágrimas

tu llanto nos acongoja pero nos salva

porque aprendes de él y corriges el error

Tu boca ha compartido innumerables sonrisas

tus carcajadas contagian cualquier entorno

aun el sitio lúgubre lo alegras con canto divino

Tus canas son sabiduría

tus consejos seguridad

tus reflexiones son guías

¡ay de aquel que no te escuche, Abuela linda!

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doña Rosa ha sido esencial en este blog al compartir historias, birritas y nostalgias.

¡Adiós abuela!

DEL OTRO LADO

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“Tomó sus cosas y miró el reloj, se dirigió al lugar donde se sentía seguro, probablemente porque siempre había estado ahí para él: su cuarto.


Se despidió de sus paredes que tantos recuerdos habían guardado: sus sueños, sus ideas, sus sentimientos y ahora sus nostalgias, éstas estaban plasmadas con grafitis multicolores, con figuras y formas que solo él podía ver, que solo él podía leer, que solo él podría comprender.

También se despidió de las ventanas, que por las soleadas tardes tapizaban su solitario rostro con las más variadas armonías y que por las mañanas le anunciaban la hora de levantarse; de su cama y de su almohada, amigas íntimas, quienes conocían sus secretos y fantasías de amores encontrados y olvidados en la memoria.

Y antes de marcharse, le dirigió una oración al crucifijo, luego lo besó, recordó que él era quien lo había acompañado toda su vida y que la soledad era la que le ayudaba a encontrarse en el silencio, entonces lo tomó y lo echó en su bolsa.

Salió, cerró la puerta y tiró el fósforo. No miró hacia atrás, siguió caminando mientras sentía arder su espalda… brotaron algunas lágrimas que fueron arrancadas por el viento que soplaba como todos los diciembres.

La plateada luna iba alumbrando las callejuelas llenas de sombras que cobraban vida y hacían revivir las aventuras de recuerdos infantiles y de las juventudes mutiladas…De un momento a otro se detuvo, su mirada se había nublado y de nuevo una estampida de viento volvió a secar el rostro apesadumbrado de tristeza por su partida necesaria… necesaria para trabajar, necesaria para vivir, necesaria para ser feliz, necesaria para encontrar la justicia, necesaria para experimentar la libertad, necesaria para vivir en paz, necesaria para encontrar compañía, necesaria para el pan y el techo…

Al final de la calle se encontró con quien le ayudaría a transformar su vida del otro lado. Como pudo se subió al camión y se encontró con otros ojos iguales a los suyos, con otros rostros iguales al suyo: forzados, afligidos y asustados por dejar aquel lugar que tanto querían, que tanto esperaban que cambiara para no marcharse. Era demasiado tarde ¡eso lo habían esperado desde hace mucho!

Entre más se alejaba, más se aferraba el corazón a su tierra, quiso por un momento arrojarse al suelo pero miró hacia la colina y vio como su choza se desvanecía lentamente por el fuego, así también su esperanza…

Mientras del otro lado las noticias anunciaban: “los jefes de estado se reunirán para plantear medidas ante el tema migratorio”…. “han construido un muro en la frontera…”, “la nueva ley migratoria vigente traerá…”, “la mayoría de inmigrantes se desplazan por…”, “somos el país receptor “…

Él solamente pensaba… “¿qué saben ellos?… esos los del otro lado.”

Marianela Valverde V.
Noviembre 2006

Puta

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¡Qué falto de amor está el mundo!
Lo que se merece es que prostituya mi amor,
para que llenar los vacíos
que dejan los humanos.

Con gusto sería prostituta
para regalarle mi amor al universo
y calmar la sed de sentimiento
que inunda a este pequeño lugar que llaman Tierra.

¡Oh sí! Una prostituta
que amamante el silencio
de los corazones solos
y dormir en mi regazo a los hombres solos,
que siempre añoran compañía.

Ojalá que las mujeres
y los hombres de esta tierra
no me señalen,
sino prostituyan también su amor
para arrancarle la lengua a este maldito silencio
que recorre el alma de los corazones humanos.

Un amor para todos y de nadie,
yo lo digo, lo doy
y aunque me llamen puta,
me regalo al mundo,
para ver si entonces, al menos
desde mi pecho, se siente calor.

Escrito por Noylin Molina, 13-11-2004

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