En tiempos de contienda electoral, la atención en campaña, el día de las elecciones y por los siglos de los siglos amén, se concentra en la decisión por la presidencia. Los anuncios, los reportajes, las fotos, los debates; todo para “informar” a los electores sobre la persona que administrará el Poder Ejecutivo por 4 años.

Un poquito menos el tema de los diputados, mejor dicho, mucho menos. La conformación por listas, que contribuye a elegir a pésimos diputados, facilita al actual sistema a la elección en línea y por ende, desincentiva el estudio de los candidatos y sus propuestas. Por ello, más que todo, la atención sobre la elección de congresistas es mínima.

Para el tema de los regidores la cosa es extrema. El votante promedio -ese que se “informa” de sus candidatos en los anuncios de la TV- vota a ciegas. O bien es un quiebre del voto respecto a la opción elegida para la presidencia -el menor de los casos- o es un voto partidista, el famoso voto en línea para mantener su fidelidad partidaria y no salirse de la zona de confort para invertir tiempo en estudiar otras propuestas. Por esta misma razón, la lista de regidores resulta en apenas una anécdota, un dato histórico, un plus poco atractivo. “Cualquiera que pongan lo hará mejor que el del otro partido” parecería ser la lógica en la mayoría de los electores.

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