“Luisito” es el guachimán de una céntrica calle de Ciudad Quesada. Es el consentido del grupo de compas trabajadores de los negocios circundantes. Vacilamos con él, nos tomamos unos cafecitos calidá, nos ayudamos pa favores. Luisito es buena nota, colaborador, buena gente y hablantín.

Su gran problema es que el licor lo controla. Ha perdido familia, casa y trabajo y ahora se gana la vida cuidando carros. El dinero que recoge de 8 a 6 lo gasta ese mismo día en cualquier cantina o en un super pa comprar bombillos. Mucho de su pasado (y su presente) lo entristece. Lo hemos visto muy mal, tomando, pasando hambre, durmiendo en el piso…

Las terapias han sido constantes pues entre los compas lo hemos ayudado pero, ni ropa, zapatos o comida han sido suficientes para hacerle cambiar, cuando menos un poco. Cuando lo vemos sobrio lo felicitamos y le hacemos ver que merece una vida distinta y mejor.

En uno de estos días post-navidad me comentó con alegría que él iba a ser otro, pues dejaría el guaro a partir del primero de enero. Sonriendo me hacía saber que buscaría un otro trabajo y que ahora sí va a comer con lo que se gana día a día.

¿Dudas? Claro que las hay, pero bueno, no iba yo a desvanecer ese momento con un “no le creo”. Pienso que por lo menos es un avance que reconozca su problema y que ya exista lo más parecido a un plan de vida.

Ojalá que la llegada del 2007 sea un punto de cambio en la vida de nuestro querido Luisito.

¡Feliz año nuevo!